El próximo mes, líderes mundiales se juntarán en la Cumbre COP-26, que se presenta como la más decisiva para el futuro de nuestro planeta, para establecer un rumbo para que las emisiones de carbono lleguen a cero en el 2050. Mientras se preparan para este compromiso, está surgiendo un gran problema energético, desde mayo el precio del petróleo, carbón y gas se han disparado en un 95%.

Esto nos recuerda que en la actualidad se necesita abundante energía y que, a medida que el mundo cambia hacia un sistema energético más limpio, crecen los riesgos geopolíticos e inestabilidad en los mercados de energía. Sin reformas inmediatas habrá más crisis energética y manifestaciones contra las políticas climáticas.

La escasez en el 2020 provocó recortes en la industria energética, sin embargo, a medida que la economía mundial se ha ido recuperando, la demanda ha aumentado incluso cuando las existencias se han reducido peligrosamente. Los inventarios de petróleo son solo el 94% de su nivel habitual, el almacenamiento de gas europeo el 86% y el carbón indio y chino por debajo del 50%.

Esto nos muestra que este mercado es vulnerable, ya sea por la naturaleza de algunas energías renovables o por la coyuntura global. El mundo aún puede salir de esta recesión energética, sin embargo, el costo será una mayor inflación y un crecimiento más lento.

Esto es resultado de tres problemas importantes: la inversión en energía se está ejecutando a la mitad del nivel necesario para cumplir la meta de llegar a cero para el 2050, esto se debe a que el gasto en energías renovables no es suficiente. Los combustibles fósiles satisfacen el 83% de la demanda de energía primaria y esto debe llegar a cero. El segundo problema es la geopolítica, ya que las democracias ricas abandonan la producción de combustibles fósiles, pero estas se trasladan a autocracias con escasas políticas y costos más bajos. El último problema es el diseño deficiente de los mercados energéticos. La desregulación ha hecho que los precios de la electricidad y el gas sean fijados por los mercados y suministrados por proveedores competidores que agregan oferta si los precios suben. Pero estos están luchando para hacer frente a la disminución de combustibles fósiles, los proveedores autocráticos y al crecimiento de energía solar y eólica intermitente.

Los gobiernos deben rediseñar los mercados energéticos. Como por ejemplo,  los amortiguadores de seguridad deberían absorber la escasez y hacer frente a la intermitencia de la energía renovable, los proveedores de energía deberían tener más reservas, al igual que los bancos llevan capital, entre otras reformas. Hoy en día, solo el 4% de la electricidad en los países ricos se comercializa a través de las fronteras, en comparación con el 24% del gas mundial y el 46% del petróleo. La construcción de redes submarinas es parte de la respuesta y convertir la energía limpia en hidrógeno y transportarla en barcos también podría ayudar.

Muchos países tienen promesas netas cero, pero no tienen un plan de como llegar a esta. Todo esto requiere un gasto de capital en energía de más del doble a 4 billones de dólares al año. Los subsidios para energías renovables y los obstáculos regulatorios  y legales hacen que invertir en combustibles fósiles sea demasiado arriesgado. La respuesta es un precio global del carbono que reduzca las emisiones y ayude a las empresas a escoger qué proyectos generarían ingresos para aumentar los ingresos fiscales. Sin embargo, esto solo cubre una quinta parte de todas las emisiones. Los líderes de la COP-26 deben ir más allá de las promesas y abordar cómo funcionará la transición.

Fuente: The Economist